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sábado, 21 de noviembre de 2020

(619) - Integral de Riemann (Origen de la idea) Teorema del Valor Medio de Lagrange (con GIFs descargables)

El teorema del valor medio de Lagrange (en su formulación con integrales) nos asegura que dado una función $f$ integrable en un intervalo $[a,b]$ , existe un punto intermedio $\eta$ al intervalo tal que $f(\eta)$ es la altura promedio de la función $f$ , es decir, que $f(x)$ y $f(\eta)$ tienen la misma integral en $[a,b]$ : \begin{align*}
\int_a^b\!\!f(x) \text{d}x & = \int_a^b\!\!f(\eta) \text{d}x \\ & = f(\eta)(b-a)
\end{align*}
Si en vez de considerar todo el intervalo $[a,b]$, consideramos un subintervalo $[x_{k-1},x_k]$ , entonces pasamos a tener un punto intermedio $\eta_k$ , y el resultado sigue siendo válido: \begin{align*} \int_{x_{k-1}}^{x_k}\!\!f(x) \text{d}x & = \int_{x_{k-1}}^{x_k}\!\!f(\eta_k) \text{d}x \\
& = f(\eta_k)(x_k-x_{k-1}) \\
& = f(\eta_k){\Delta x}_k
\end{align*} Si ahora sumamos todos los resultados para cada uno de estos subintervalos $[x_{k-1},x_k]$ , y sabiendo que $\displaystyle \int_a^b\!\!f(x) \text{d}x = \sum_{k=1}^n \int_{x_{k-1}}^{x_k}\!\!f(x) \text{d}x $ , entonces tenemos: \begin{align*}
\int_a^b\!\!f(x) \text{d}x & = \sum_{k=1}^n \int_{x_{k-1}}^{x_k}\!\!f(\eta_k) \text{d}x \\
& = \sum_{k=1}^n f(\eta_k)(x_k-x_{k-1}) \\
& = \sum_{k=1}^n f(\eta_k){\Delta x}_k \\
\end{align*}Así pues, si queremos hallar el valor de la integral $\displaystyle \int_a^b f $ , esto se reduce a hallar el correspondiente $\eta_k$ (o en su defecto $f(\eta_k)$ ) para cada uno de los $n$ subintervalos $[x_{k-1},x_k]$ . Sin embargo, esta tarea no es especialmente trivial, ya que muchas veces implica resolver dicha integral para luego hallar o bien $\eta_k$ o bien $f(\eta_k)$ . Empero podemos encontrar una familia $T$ de puntos intermedios asociados $t_k\in[x_{k-1},x_k]$ tal que cada uno de los $t_k$ esté suficientemente "cerca" de $\eta_k$ , y que sendos valores ( $f(t_k)$ y $f(\eta_k)$ respectivamente) no sean muy diferentes, a lo sumo una cantidad $\varepsilon_k$ :
$$ \forall \delta_k \gneq 0 \, , \, \exists t_k \in B(\eta_k, \delta_k) \,\big/\, 0\leqslant \big|f(\eta_k)-f(t_k)\big|\lneq \varepsilon_k \leqslant \max_{k=1}^n\big(\varepsilon_k\big) \overset{\text{def}}{=:} \varepsilon $$ Con todo esto podemos hallar una suma de áreas, que llamaremos suma asociada de Riemann $\sigma(f,\mathcal{P}_n,T)$ , tal que se aproxime suficientemente bien al valor de la integral $\displaystyle \int_a^b f $ , y que difieran como muchísimo $\displaystyle \max_{k=1}^n\big(\varepsilon_k\big)(b-a)$ : $$ \begin{array}{ccccc}
0 & \leqslant & \big|f(\eta_k)-f(t_k)\big| & \lneq &\varepsilon \\
-\varepsilon &\lneq & f(\eta_k)-f(t_k) & \lneq & \varepsilon \\
-\varepsilon{\Delta x}_k &\lneq & f(\eta_k){\Delta x}_k-f(t_k){\Delta x}_k & \lneq & \varepsilon{\Delta x}_k\\
\displaystyle \sum_{k=1}^n-\varepsilon{\Delta x}_k &\lneq & \displaystyle \sum_{k=1}^n f(\eta_k){\Delta x}_k-\sum_{k=1}^n f(t_k){\Delta x}_k & \lneq & \displaystyle \sum_{k=1}^n \varepsilon{\Delta x}_k\\
-\varepsilon(b-a) &\lneq & \displaystyle \int_a^b\hspace{-3mm}f -\sigma(f,\mathcal{P}_n,T) & \lneq &\varepsilon(b-a) \\
0 &\leqslant & \displaystyle \Bigg| \int_a^b\hspace{-3mm}f -\sigma(f,\mathcal{P}_n,T) \Bigg| & \lneq &\varepsilon(b-a) \\
\end{array} $$ En este GIF animado podemos observar cómo variando el número $n$ de subintervalos $[x_{k-1},x_k]$ se aproxima mejor el valor de la integral.


En este GIF animado podemos observar cómo variando la familia $T$ de puntos intermedios asociados varía la aproximación a la integral.


Autor: Đɑvɪẟ Ƒernández-De la Cruʒ.

miércoles, 23 de marzo de 2016

( 239 ) El maravilloso mundo de los fractales (I)


Las matemáticas son preciosas (al menos cuando no nos examinamos de ellas). Pero para alguien que no ha dedicado su vida al estudio de estas, es muy difícil discernir algo bello entre la inmensa cantidad de símbolos esotéricos con los que a los matemáticos nos gusta tanto decorar nuestras hojas en sucio. Por lo tanto, si queremos convencer al mundo de la belleza de esta disciplina, debemos ofrecer un resultado más visual que meras fórmulas… ¿Y qué mejor candidato que los famosos fractales?

Comenzaremos con una brevísima introducción histórica: la idea de un objeto que se parezca a una parte del mismo recursivamente ya fue explorada por Leibniz a finales de siglo XVII, pero la idea no fue muy aceptada ni investigada en la época. No fue hasta la llegada de Weierstrass dos siglos después, con su muy patológica función (de la que hablaremos más adelante), cuando el mundo presenció el nacimiento de los fractales. Durante el siglo XX, diversos matemáticos produjeron más ejemplo de fractales, pero la falta de ordenadores y una teoría matemática sólida sobre los fractales dificultaron el florecimiento del campo.

Esto cambió con la llegada de Benoît Mandelbrot. Mandelbrot fue el primer matemático interesado en la naturaleza de los fractales que tuvo acceso a los rudimentarios ordenadores de la época, y con ellos produjo modestas pero muy útiles y novedosas visualizaciones. Fue él además quien acuñó el término fractal en 1975, refiriéndose a “figuras geométricas fracturadas o con bordes intricados que pueden ser divididas en partes, cada una de las cuales es una copia idéntica o aproximada de la original”. Debido a la variedad de objetos que satisfacían estas propiedades, a Mandelbrot le resultó difícil encontrar una definición formal de fractal, hasta que en 1983 escribió:
 “Por definición, un fractal es un subconjunto de un espacio métrico cuya dimensión de Hausdorff es estrictamente mayor que su dimensión topológica (dimensión de Lebesgue).”

Aún con esta definición, Mandelbrot no quedó satisfecho, pues había varios conjuntos autosimilares que no caían en la categoría de fractal. De todos modos, pese a este inconveniente, el trabajo de Mandelbrot resultó fundamental para la solidificación y formalización del campo de los fractales. Este campo no es una simple moda, sino que sigue ganando fuerza en las últimas décadas, presentándose como una valiosa herramienta matemática para comprender ciertos fenómenos del mundo que nos rodea.

Volviendo a la definición anterior, aparecen dos términos que posiblemente resulten desconocidos al lector: la dimensión de Lebesgue y la dimensión de Hausdorff. Si el lector siente curiosidad sobre la definición más formal de estos conceptos, dejaremos un comentario durante los próximos días en esta entrada, que contendrá un enlace a un segundo artículo que las presenta algo más rigurosamente. Dicho artículo, si bien es algo más complicado que lo que solemos tratar en el blog, es sin duda también muy interesante. Si al lector no le apetece leer el artículo extra, bastará con que se crea las siguientes "proposiciones":

-La dimensión de Lebesgue de un conjunto es lo que pensamos intuitivamente: segmento o curva, 1, figura plana o superficie, 2, cuerpo geométrico, 3.

-La dimensión de Hausdorff  es la misma que la de Lebesgue para las conjuntos “normales”, pero es mayor en el caso de los fractales (por definición de fractal).

-Podemos calcular la dimensión de Hausdorff (en realidad calcularemos la de Minkowski, pero no importa, pues lo haremos cuando coincidan) de la siguiente manera: Un fractal es autosimilar, es decir, está formado por copias más pequeñas de sí mismo. Si podemos obtener N copias con una proporción entre el original y cada copia r, entonces la dimensión es D= log(N)/log(r). El lector avispado se habrá dado cuenta de que está fórmula no es exactamente igual a la que aparece en la pizarra detrás de la fotografía de Mandelbrot. Esto es una mera cuestión de notación, en esta entrada consideraremos que r = 2 si podemos extraer de una figuras varias con la mitad de tamaño, mientras que Mandelbrot consideraría en ese mismo caso r = 1/2.



Ahora que ya hemos visto las proposiciones anteriores, podemos comenzar. El modo más fácil e intuitivo de construir fractales es iterando una “operación” geométrica. Comenzaremos con uno de los fractales más simples, el copo de nieve de Koch. Inicialmente se toma un triángulo equilátero, y la operación que se itera es la siguiente: se sustituye el tercio central de cada lado por un triángulo equilátero sin base. Con tres o cuatro iteraciones ya toma una forma característica:
En el copo de Koch, la dimensión de Lebesgue es 1. Veamos cómo calcular la dimensión de Minkowski (que en este caso será igual que la de Hausdorff). Observamos que cada “lado” se transforma en 4 con una longitud igual a 1/3 de la anterior. Al aplicar la fórmula hallada anteriormente nos da que su dimensión es log(4)/log(3) (aprox. 1,2619), que puede ser interpretado como que este conjunto se aproxima más a ser una recta unidimensional que a ser una figura bidimensional.

También se construye con este principio la famosa curva del dragón de Heighway.  Se puede construir partiendo de  un segmento, y en cada iteración recorrer la figura desde un extremo, sustituyendo cada segmento por dos segmentos que formen un ángulo recto, con orientación que siempre comience hacia la derecha y se vaya alternando. Esto hace que se pueda construir muy fácilmente en papel cuadriculado, o plegando una tira de papel (como se observa en la segunda figura). En las imágenes se ve mucho más claro:
 
Su dimensión de Lebesgue es 1, mientras que la de Hausdorff es 2, como bien se aprecia en estas dos figuras. Esto significa que la curva es "densa" sobre el plano, lo cual no resulta del todo sorprendente teniendo en cuenta como se construye y lo que pasa en las regiones interiores (rodeadas por cuatro segmentos de la curva). Sin embargo, la dimensión de su frontera no es tan sencilla: como se menciona en el artículo extra, es aproximadamente 1,52, cosa que simplemente nos vamos a creer, pero el lector es libre de consultar el artículo correspondiente. También cabe remarcar que la curva del dragón encaja consigo misma para “embaldosar el plano”, produciendo estos curiosos patrones.



Ante la cantidad de fractales que se originan siguiendo el sistema expuesto anteriormente, se ha llegado a desarrollar un sistema formal para expresarlos, que resulta de mucha utilidad en campos como la biología, ya que muchas plantas presentan estructuras autosimilares (sin ir más lejos, las ramas de los árboles).

De todos modos, la sustitución no tiene por qué ser de segmentos. Dos de los fractales más característicos, el triángulo y la alfombra de Sierpinski , se construyen sustituyendo polígonos. Como una imagen vale más que mil palabras, su construcción es la que sigue:


Aquí la dimensión de Lebesgue también es 1. Calculemos la dimensión de Minkowski. En el triángulo de Sierpinski para r = 2 es fácil notar que N = 3, por lo que D es log(3)/log(2) (aprox. 1,5850). Tiene sentido,
pues parece que es más “sólido” que el copo de Koch. Por otro lado, para la alfombra de Sierpinski, obtenemos por otra parte una dimensión de log(8)/log(3) (aprox. 1,8927), ya que para r = 3, N = 8. Como curiosidad, estos fractales  tienen primos-hermanos en el espacio tridimensional. Más concretamente, el equivalente de la alfombra de Sierpinski en tres dimensiones se llama esponja de Merger , figura que en el momento de la redacción de esta entrada es la imagen de fondo del blog.

 

Pero no todos los fractales provienen de polígonos regulares… Como contraejemplo, podemos mostrar los tamices de Apolonio, que se basan en inscribir circunferencias tangentes a otras tres sucesivamente (en la imagen se muestra el tamiz con simetría triangular):
El análisis de la dimensión en este caso es más complicado, así que nos limitaremos a decir que la dimensión de Lebesgue es de nuevo 1, y la de Hausdorff aproximadamente 1,3057.

 Debemos, eso sí, destacar también que los fractales no son simples curiosidades matemáticas en forma de dibujitos. El primer fractal con el que se encuentra un estudiante del grado de Matemáticas es el conjunto de Cantor, conjunto que se obtiene empezando con un intervalo cerrado [0,1] y sustrayendo en cada paso de los intervalos cerrados [a,b] que haya el intervalos abierto (2a/3+b/3,a/3+2b/3), que en el caso del intervalo cerrado inicial, será (1/3,2/3). Este simple procedimiento da lugar a un fractal, pues cada tercio en el que queda dividido es una copia idéntica del conjunto, con un tercio de la longitud, y cada tercio de esos tercios con un noveno de la longitud, y así sucesivamente.



Para el conjunto de Cantor, la dimensión de Lebesgue es 0 y la dimensión de Minkowski  es log(2)/log(3) (aprox. 0,6309), lo cual podría indicar que es “menos” que una línea recta, pero aun así, más que un punto. A estas alturas, al lector no le será difícil deducir cual es el valor exacto como cociente de logaritmos.
Además de ser fractal, este conjunto tiene numerosas propiedades interesantes: pese a que su medida es cero, contiene un número incontable de puntos. Además, por parte de su topología, es un conjunto compacto y denso que no contiene ningún intervalo abierto y es completamente inconexo. En conclusión, los fractales no son una “figura” sin más.

También debemos volver a la función de Weierstrass, que sirvió para mostrar que la continuidad de una función no implicaba la diferenciabilidad en ningún punto (más técnicamente, podemos construir una función continua en un intervalo tal que el conjunto de puntos en los que la función sea diferenciable tenga medida 0). Se define a partir de la siguiente serie de Fourier,


con a y b cumpliendo que 0<a<1, b es un natural positivo, y 
 




Como dijimos antes, esta función presenta un gran interés en análisis como contraejemplo, y además su gráfica es un fractal. En la imagen se aprecia su carácter autosimilar, y su dimensión de Hausdorff está acotada por

 


que se cree que es el valor exacto.  Gaussianos estudia más en detalle la función de Weierstrass en el siguiente artículo.


En resumen, en esta entrada hemos explorado los fractales clásicos, los que se conocían antes del nacimiento de la computación. En la siguiente entrada exploraremos los fractales nuevos, entre ellos el más famoso de todos, el conjunto de Mandelbrot.

jueves, 14 de mayo de 2015

( 167 ) La lógica alternativa de TVE en "El ministerio del tiempo" (planteamiento).

     En los blogs de divulgación científica no es extraño encontrar quejas sobre la falta de fundamento de las medicinas alternativas o de otros métodos que dicen estar inspirados en principios científicos. Por citar uno solo de los blogs que se dedican a criticar los metodos que presumen de científicos sin serlo podemos citar el que escribe el periodista Luis Alfonso Gámez con el nombre de Magonia - Una ventana crítica al mundo del misterio (por cierto, Luis Alfonso Gámez es el presentador de la serie de documentales "Escepticos", serie realizada por la ETB y que aprovechamos para recomendar; los episodios completos se pueden ver aquí). Y aunque cada uno puede elegir la terapia que prefiera es razonable que algunas de esas críticas se centre en el uso de fondos públicos para financiar o promocionar unos métodos que no tienen el rigor científico que sería de desear, ya que quienes gestionan los recursos públicos tienen la obligación de usarlos bien. Por ejemplo, el blog La lista de la verguenza recoge los cursos (algunos no oficiales y, lo que es peor, otros también oficiales) que universidades españolas y otros organismos oficiales (como colegios de farmacéuticos o de médicos) dan sobre materias que no son científicas.
     Otro blog que clama contra el auge de las pseudociencias es ¿Qué mal puede hacer? cuyo objetivo es comentar casos en los que seguir una recomendación alternativa ha producido daños. Este blog también tiene su propia campaña para evitar que el dinero de todos ayude a métodos que no han sido probados con el rigor suficiente. Tiene en marcha una campaña en Change.org para conseguir que televisión española deje de promocionar las pseudociencias (cosa que en su opinión hacen en espacios como "Saber vivir" o "Para todos la 2"). Si alguien quiere ver e incluso firmar esta petición (que, todo hay que decirlo, no está consiguiendo el número de firmas que consiguen otras campañas de Change.org) puede encontrarla aquí.
     De eso precisamente vamos a hablar nosotros, de hacer lo posible para que TVE, la televisón pública, la nuestra, no se aleje del camino recto. Pero claro, dentro de nuestro ámbito de competencia. Porque en los casos que hemos comentado es la falta de rigor en el uso de metodos experimentales (es decir, la falta de experimentos programados con resultados claros y repetibles por otras personas) lo que se critica; pero todos sabemos que en las matemáticas el método de conocimiento no es el experimental. Y las matemáticas es lo que hemos decidido llamar nuestro ámbito de competecia. Así que nuestro metodo de conocimiento será el uso de demostraciones lógicas, y por lo tanto donde hemos de buscar la falta de rigor es allá donde la televisión pública utilice una lógica no todo lo precisa que sería de desear, lo que podríamos llamar una lógica alternativa que no siga las reglas usuales de la lógica tradicional.
     Pues en ese sentido, la posibilidad de hacer notar errores lógicos, estamos de suerte porque en TVE acaba de terminar, y con bastante éxito, según comentaremos a continuación, una serie sobre viajes en el tiempo. Y las cosas como son, elaborar una historia sobre viajes en el tiempo es la forma mas fácil conocida de incurrir en contradicciones lógicas (aunque debe estar seguida de cerca por la idea de contar la vida de un ninja en el siglo de oro español, que es que parece que la televisión pública busca las incongruencias con el mismo interés que Telecinco busca los cotilleos degradantes). Pero no nos distraigamos de nuestro objetivo y empecemos presentando la serie de la que vamos a hablar.
     La serie El ministerio del tiempo ha terminado hace poco tiempo en Televisión Española. De hecho, todavía pueden verse todos sus capítulos en "tve a a la carta". Aunque la serie no ha destacado por el nivel de seguimiento (que sin estar mal no ha sido brillante) ha tenido otras dos características que han conseguido que ya se haya confirmado la existencia de al menos una segunda temporada. La primera, ha sido recibida por la crítica como una reconfortante novedad en el panorama audiovisual español. Podemos leer la opinión de periódicos como El País o como El Norte de Castilla, de alguna revista o de algún blog especializado. La segunda, ha suscitado un interes en las redes sociales y un movimiento en internet como hasta ahora no había tenido una serie española. Podemos leer los comentarios que este movimiento ha provocado en el ABC y en La Vanguardia o podemos ver alguno de los videos que ha provocado la serie, como este:
o como este otro:
y podemos también ver alguno de los dibujos y chistes que los seguidores de la serie han hecho. Los iremos colocando a lo largo de lo que nos queda de esta entrada.
     Sin negar las virtudes que otros han encontrado a la serie nosotros queremos destacar el absoluto desprecio por la lógica que los guionistas de la serie han demostrado y que, para nuestra sorpresa, parece haber pasado inadvertida para los críticos (solo en este Lo mejor y lo peor de... se hace un comentario a que una serie fantástica no da carta blanca a las invenciones de los guionistas, el primer punto de lo peor, pero no parece darse cuenta lo grave que es en realidad el error). Al igual que se comenta que algún periodista defendió la frase de que "No vamos a dejar que la realidad nos estropee un buen titular" parece que los guionistas de el ministerio del tiempo quieren llevar esta frase a su terreno y proclaman: "No dejemos que la lógica nos estropee un buen argumento".
      Tengo que admitir que a mi la falta de lógica me impide considerar que un argumento es bueno y me cuesta disfrutar cuando están insultando mi sentido común más elemental. Dado que esto no parece pasar a los ministéricos (nombre que han adoptado los seguidores de la serie) deberé deducir que mi profesión de matemático me ha convertido en un tiquismiquis en este aspecto. Y es que incluso algunos blogs sobre la serie que comentan las posibles bases físicas del ministerio o que intentan aclarar y sistematizar el método de sus viajes pasan tranquilamente por alto el error básico en la lógica de la serie.
          Entendámonos, que no se trata de decir que el viaje en el tiempo no tiene sentido: en cualquier serie fantástica hay que admitir una serie de hechos (de objetos mágicos, de propiedades de un mundo imaginario) que no tendrían sentido en el mundo real. Eso es correcto. Pero una vez admitidos esos hechos la serie debe ser coherente con ellos; y la coherencia, al parecer, no debía ser una de las asignaturas que dieron en la escuela de los guionistas de esta serie. Ya hemos comentado antes que en una serie de viajes en el tiempo no es fácil no olvidar algún detalle o permitirse algún exceso (pasemos por alto, aunque llama la atención, el uso de móviles intertemporales), pero hay al menos dos errores (llamarlos descuidos sería como decir que el Prestige dejó algunos residuos sólidos en la costa gallega) que tenemos que criticar, uno global de la serie y el otro específico de un capítulo.
     Naturalmente, el error global de la serie se puede ver ya en el primer capítulo (enlace para verlo en TVE a la carta, animamos a que lo echéis un ojo), que es donde se plantea cómo funciona el ministerio y cuál es su función, y sobre todo cómo viajan en el tiempo sus funcionarios. Que no es que la máquina del tiempo exista y sea española (conversación entre Juián y Salvador, a lo que hay que responder "¡Por favor, no diga tonterías!", minuto 19), que lo que existe son las puertas del tiempo. Por estas puertas van y vienen los personajes de la serie (y de nuestra historia) recorriendo el pasado.
     Como esta entrada ya se hace larga y aún nos falta dar las explicaciones sobre esos errores de que tanto hablamos, vamos a evitar estas explicaciones y dejar que el que haya seguido la serie (o quien quiera verla ahora) y nos haya leido hasta aquí pueda intentar adivinar que es lo que nos parece tan inaceptable. Agradeceríamos comentarios al respecto y (si hubiera interés) en otra entrada aclararemos los fallos garrafales que en nuestra opinión lastran esta serie que (no lo alvidamos) tantas virtudes tiene.
     Terminamos, pues, situando el que consideramos el segundo error imperdonable para ver si nuestros lectores lo localizan y aparece en los comentarios. Está en el capítulo 4, "Una negociación a tiempo" (enlace para verlo) donde aparece nada menos que la reina Isabel I. En este capítulo han de usar una puerta que no funciona como las demás, según explican al principio. Cierto es que esto de inventarse puertas con una mecánica diferente no es lo ideal para mantener la coherencia, pero al fin y al cabo tampoco sabemos por qué funcionan las puertas y no hay regla sin excepción. Aceptemos pues el sistema de esta extraña puerta (y espero que así se vea que tampoco pretendo ser intransigente con las libertades narrativas, sino que no puedo evitar pensar que hay errores imperdonables en la serie) que los guionistas presentan sin duda para hacer en la serie su versión de la ya clásica película "Atrapado en el tiempo" (la del día de la marmota, como el mismo Julián plantea en la serie). Pero "Atrapado en el tiempo" no es una película de viajes en el tiempo y este episodio de "El ministerio..." contradice la lógica de una forma más hiriente aún que el resto de episodios.
     Y hasta aquí hemos llegado por hoy. Dejamos las aclaraciones que faltan hasta una nueva entrada (una vez nuestros amables lectores nos muestren su interés, si lo hubiera). Que la lógica os acompañe.

lunes, 26 de mayo de 2014

( 73 ) El Chuck Norris de los números

         Hemos estado un tiempo sin introducir nuevas entradas pero vamos a tratar de sacudirnos los problemas que nos habían maniatado y retomar nuestras obligaciones. Al fin y al cabo tenemos ya unas cuantas entradas escritas y esa historia, por pequeña que pueda parecer en el salvaje mundo de la red, es nuestra historia, y no debemos desperdiciarla. Vamos numerando nuestras entradas siguiendo los números primos y hemos llegado, con esta que escribimos al 73 lo que supone más de veinte entradas (exactamente veintiuna sin contar la presentación, como dicen en el vídeo que colocamos más abajo, pero eso es suficiente para permitirnos decir que mas de veinte). Tenemos que ponernos las pilas y empezar de nuevo a publicar cosas interesantes; sabemos que no es fácil, pero vamos a intentarlo.
      En nuestra anterior entrada nos permitíamos suponer que todos nuestros lectores entendían lenguaje binario. En esta vamos a suponer algo que creemos aún más probable; que todos nuestros lectores conocen a Sheldon Cooper, Leonard Hofstader y sus amigos. Es decir, que todos ellos han visto alguna vez la serie The Big Bang Theory. Y es que el número 73 en el que nos encontramos es una buena excusa para dedicar un homenaje a esta divertida serie. No hace mucho que el decano de nuestra facultad le contaba al periódico EL NORTE DE CASTILLA que a lo mejor esta serie era uno de los motivos por los que estaba subiendo el número de alumnos de físicas. Es verdad que la serie trata más a menudo la fìsica, pues sus protagonistas son físicos. Pero en general es una serie que puede tocar la fibra a todos los científicos y como prueba de ello recuerdo que en nuestra primera entrada hablabamos de Famelab, un concurso de monólogos cientificos de humor que en 2013 había ganado un matemático (por cierto ya se ha celebrado la final de 2014, esta vez un matemático ha quedado tercero pero podéis ver todos los vídeos de la final aquí), y contabamos que a cuenta de ese concurso los monologuistas habían creado un grupo para hacer actuaciones. Pues bien, si miráis en nuestra entrada el nombre que tomaron estos monologuistas veréis que se han inspirado en esta serie (y juegan con la palabra "furgoneta" en ingles, por la que usan para desplazarse en sus giras).
        Pero volvamos a "The Big Bang Theory", donde también a veces hablan de números. Por ejemplo, en este vídeo en el que Sheldon pregunta "¿Cuál es el mejor número?" (y, haciendo una aclaración que no srprenderá a quienes conozcan su carácter por seguir la serie, añade: "por cierto, sólo hay una respuesta correcta"). ¿Os parecerán suficientes sus explicaciones para dar el premio de mejor número?.

 

       Nos vamos a permitir aclarar, por aquello de salvar el honor de Raj (que, para los pocos que no vean la serie es el único que ofrece una alternativa al 73, aunque lo hace de forma un poco inconsistente porque primero propone el 5.388.000 y luego habla del 053.580), que su intervención tiene un problema de doblaje y para quien se maneje un poco en inglés dejamos aquí el mismo trozo en versión original. Así, ya de paso, permitimos que oigáis, el que quiera, las voces de los actores de la serie.

       Ya que estamos homenajeando a la serie, en el fragmento que hemos puesto (dos veces) falta una de las protagonistas. Y puede pasar que no salgan Bernadette o Amy Farrah Fowler, pero no podemos rendir de verdad homenaje a la serie sin ver al menos algún trocito donde aparezca Penny. Y para no perder la relación, siquiera sea lejana, con el espíritu científico, colocamos a continuación los intentos de Penny por enetender algo del trabajo de Leonard con la ayuda de Sheldon.


        Por supuesto en YouTube, que es de donde hemos sacado los vídeos, aparecen muchos mas fragmentos de "The Big Bang Theory" y en el canal Neox siguen poniendo episodios (la mayor parte repeticiones de capítulos atrasados, como suele ocurrir con las series que se utilizan para rellenar los horarios menos vistos, pero que siguen siendo entretenidos). En este tiempo en que las series de televisión han conseguido alcanzar el primer nivel de las producciones audiovisuales es agradable encontrar una serie de humor inteligente que se toma la ciencia en serio.